miércoles, 16 de septiembre de 2015

MONÒLEGS D' ALCOIANIA 2015 I HUMOR XAVI CASTILLO

Hui comença la V Edició dels "Monòlegs de l'Alcoiania", una iniciativa del mon de la interpretació però amb caràcter 100% alcoyà. L'humor d'Alcoi és inigualable, no té comparació amb altres pobles que, sent menys xovinistes, no tenen tanta capacitat d'autocrítica i de riure's d'ells mateix. La quinta temporada dels "Monòlegs de l'Alcoiania" es farà al Teatre Principal, en ple centre de la ciutat. Autors i humoristes ens faran riure amb uns textos plens de humor que descriuen la societat alcoyana amb exageracions i altres coses totalment certes. El tema sagrat són les Festes de Moros i Cristians i molts autors eviten fer bromes sobre "Nostra Festa" per a no ofendre als festers més puristes que assisteixen a les sessions. Però si algú es riu dels conservadors i ens fa morir de riure amb la descripció graciosa de les Entrades i els personatges, eixe és l'humorista Xavi Castillo. Alcoyà conegut per les seues paròdies polítiques i censurat en molts pobles per la seua defensa del valencià i la crítica feroç als polítics corruptes. La companyia alcoyana Pot de Plom fins hi tot va estar prohibida en Alcoi en l'època de l'alcalde Jorge Serrano. Tot això és passat i mostrem el vídeos més famós de Xavi Castillo: La seua paròdia del capità moro, amb un públic defensor del personatge i altre que odia a Xavi Castillo per burlar-se de les tradicions més antigues de la ciutat. No ens ve mal l'humor i sempre ens morim de risa amb el monòleg de "El boato del capità moro" de Xavi Castillo:
Les 4 sessions dels "Monòlegs de l'Alcoiania 2015" seran a les 20:30 al Teatre Principal. Comencen dimecres 16 de setembre i continuen demà dia 17. La setmana que vé hi hauran altres dos sessions amb monòlegs diferents cada dia. El dimecres 23 i el dijous 24 també començaran a les 20:30.

Com a mostra de l'humor alcoyà relacionat amb les Festes de Moros i Cristians, mostrem aquest text en castellà de Pep Jordà que parla sobre típics personatges que es podem trobar pel carrer en Festes de Sant Jordi:

"Estamos en Fiestas. Durante unos días, Alcoi se transfigura y su ordenado mundo se pone patas arriba. Para andar sin riesgos por esta selva hace falta un profundo conocimiento de su flora y de su fauna. Ahí va una pequeña guía de especímenes festeros cuyo conocimiento nos ayudará a salir airosos del trance:
1-Eduardo Manosligeras. Festero rijoso. Pulpo. Por alguna razón inexplicable, este tipo cincuentón, panxudet y algo calvorota está convencido de que al ponerse el traje oficial de su filà se transforma en un irresistible galán con derecho de pernada tocona sobre cualquier mujer que circule (o simplemente respire) por las calles del recorrido oficial y sus aledaños. Las manos de este pájaro corren más que la vista, siempre en busca de las partes más turgentes del cuerpo femenino. Durante la Trilogía hace cosas que en otras épocas del año acabarían con sus huesos en el calabozo municipal y con un juicio por acoso. Sólo tiene una virtud: terminado el Día del Alardo, su violenta pulsión sexual se apaga como la llama de una vela en medio de un huracán. Si tienen alguna duda al respecto, pregúntenle a su apenada mujer.

2-Paquito Llágrimafluixa. Es un festero que se deja llevar por la emoción y se pasa los tres días de fiestas llorando por cualquier motivo. Igual le da que sea el alcalde entregando la batuta al Sant Jordiet que el caballo del cabo batidor dejando su impronta en la calle San Nicolás, todo le parece emotivo, emblemático y entrañable. Cojea desde el año que hizo de cabo d’arrancà en el Partidor. Víctima de uno de esos arrebatos rompió a llorar mientras gritaba ‘açò es massa’ y se postraba en el suelo. Con tan mala fortuna, que la rodilla derecha golpeó en el extremo de uno de los adoquines y se la partió en tres trozos. En el hospital aprovecharon para desobstruirle también el conducto lagrimal, por si pudiera tener relación con tanta emotividad.

3-Encarnita Moltfluixet. Es una señora de edad avanzada eternamente insatisfecha (dicho sea, en el sentido estrictamente festero de la palabra). Por delante de sus narices puede desfilar una capitanía con veinte bandas de música, 600 huríes bailando la danza del vientre, cuatro elefantes y una docena de camellos portando a unos caballeros vestidos con corazas de oro. Al final, su veredicto siempre será el mismo: “enguany el capità ha estat molt fluixet”. Ha convertido el tradicional sentido crítico del público alcoyano en una verdadera patología. Sus amigas, absolutamente hartas de sus mohines de desprecio, le han aconsejado que vaya a ver a un especialista en el centro de salud de la Fábrica.

4-El pequeño tamborilero. Desde que fue caballero del capitán a este subgénero de fester le resulta aburrido y vulgar desfilar en la entrada con capa y lanza en ristre. Es por eso que año tras año se busca la vida para re-colocarse en el séquito con cualquier función distinta a la de maldito. Ya sea arrastrando timbales, tocando la pandereta o arreglando las capas de los integrantes de la escuadra. Es tal la inventiva e iniciativa de estos festeros que ya se han registrado casos que solicitan, por estricto turno de roda, poder conducir los carros en los que se almacena la mierda que los distintos semovientes excretan a lo largo del recorrido. Una pregunta que todo el mundo se hace al ver a este individuo festero es: ¿Por qué pagan un dineral de fulla al año cuando si se hicieran músicos, auxiliares o personal de limpieza del Ayuntamiento podrían sacarse un dinero por realizar la misma función?

5-Adolfito, el maldito. Pertenece al subgénero de festero antagónico al pequeño tamborilero. Le dan repelús las chilabas, los campanillos y nunca acepta otro papel en la fiesta que no sea el de individuo festero con diseño completo y lanza. Acepta con orgullo su papel anónimo en el desfile en espera que llegue el momento sublime de formar parte de una escuadra. Momento que, dependiendo de la filà a la que pertenezca, de su número de integrantes, de la modalidad establecida de roda, etc. puede oscilar entre los cuatro y cuarenta años. De hecho se han dado casos de malditos que militando en su filà desde la juventud han conseguido antes independizarse de sus padres que hacer una escuadra.

6-El loco de la silla. Suele ser un señor de Villena o del barrio alicantino del Garbinet, que se caracteriza por su exagerado concepto de la territorialidad. Mantiene una complicadísima relación con las sillas de las Entradas, sólo comparable a la que tendría un apasionado de la ópera con un palco de la Scala de Milán. Defiende su localidad con uñas y dientes y es capaz de llegar a las manos con cualquier indeseable que intente sentarse en su sitio, aunque sólo sea para atarse los zapatos. Tiene el culo de hierro y se sospecha que va sondado, porque no se mueve ni para mear. Todos los años se cabrea con los del balcón de encima por enterrarlo en confeti; está convencido de que es algo personal.

7-Laurita, “La Favorita”. Está señora o señorita especialmente emperifollada participa en las fiestas de Moros y Cristianos en un papel principal gracias a la estrecha relación que mantiene con algún cargo festero (esposa, hija, nieta, sobrina, etc). Durante los días previos y posteriores a la celebración en los establecimientos de la ciudad (especialmente los de cosmética y/o restauración estética) se le da tratamiento de primera dama. Por lo que Laurita “La Favorita” vendría a ser la versión alcoyana de la fallera mayor valenciana, eso sí, con la ventaja de no tener que aguantar los achuchones de Rita Barberá.

8-La pija de las fresas. Empieza la Entrada Mora. Tras comer un bocadillo, la gente de las sillas se toma de postre un plátano resudado y blandurrio sacado de una bolsa de Mercadona o un vasito de mantecado medio derretido comprado tras hacer una cola interminable en el bar de la esquina. Desde su atalaya del balcón noble de la calle de San Nicolás, la pija desafía a la chusma comiéndose con delectación un bol de fresas con nata, como si fuera una milady en las gradas de Wimbledon. Las fronteras sociales nunca desaparecen: a la hora de ver las Fiestas también hay ricos y pobres. Ni que decir tiene que los pobres son los del plátano.

9-Juanin Aiquempixe. Es un veterano festero que debido a su antigüedad en la filà y a sus posibles económicos hace todas las escuadras oficiales que le tocan y las especiales que se cruzan en su camino. La hipertrofia prostática benigna, habitual en su provecta edad, y el hecho de que no haya disminuido la ingesta de cerveza y bebidas espirituosas, provoca que se pase gran parte del desfile profiriendo la frase ‘Ai que em pixe damunt’ mientras entrega toda su impedimenta – operación harto complicada- al compañero de escuadra y desaparece entre la multitud buscando un portal donde aliviarse. La popularización del uso de pañales para adultos ha aliviado el via crucis que para este individuo suponía la entrada.

10-El niño de los cojones. Este pequeño terrorista urbano se encarga de amenizar con sus traicioneras explosiones los tres días de la Trilogía. Este niño desprecia olímpicamente las procesiones, las entradas y los demás actos del programa oficial, ya que su único objetivo es amargarles el ciclo georgino a sus convecinos, asustándolos y cortándoles el rollo con su inagotable provisión de petardos. Su pasión por la pólvora sólo es comparable con la descomunal pachorra de sus padres, que contemplan con arrobo y amor sin límites las gracias dinamiteras de su retoño. Hay una lista de espera de cerca quinientas personas que venderían su alma al diablo con tal de darle una colleja bien dada a este enano cabrón y maleducado. La está pidiendo a gritos.

11-Batiste, el percusioniste. Es un prometedor músico de Cela de Núñez, que cursó estudios de percusión en el Conservatorio de Valencia y que durante un tiempo formó parte de la Joven Orquesta de la Comunidad pero que, debido a los recortes, ahora se ve obligado a ir de fiesta en fiesta para ganarse la vida. Es proverbial su cara de resignación mientras toca de oído, los más inverosímiles instrumentos de percusión que los grandes artistas locales tienen a bien incorporar cada año en sus partituras para capitanías y alferecías, tales como: azadas, yunques, martillos, cráneos de avutarda, fósiles de estegosaurio u orinales de porcelana.

12-El tío del gotet. Personaje imprescindible en las noches de “entraetes”. Combina tres elementos que juntos forman una mezcla explosiva: su desmedida afición por los combinados alcohólicos tomados en vaso largo de plástico, su legendaria pesadez y su memoria fotográfica. Merodea por las calles del centro y cuando ha seleccionado una pieza, se lanza sobre ella con la misma fiereza con la que un león de la sabana ataca a una gacela. A partir de ese momento, la víctima ya puede dar por acabada su noche festera. El tío del gotet se le pega como una lapa y convierte la cita festiva en un martirio en el que no faltan los desvaríos de borrachín, las referencias a los recuerdos más vergonzantes de una supuesta infancia común y algún requiebro extemporáneo hacia la legítima esposa del asaltado. Para evitar los ataques de este depredador, conviene salir siempre de casa con un plan de fuga bien ensayado.

13-Jordi l’Estratega. A este individuo, con vocación de servicio a la comunidad pero amante de títulos honoríficos y distinciones, lo que más le interesa de la celebración es su vertiente organizativa. De hecho hay gente que se pregunta ¿por qué en lugar de apuntarse a una filà no se hizo policía municipal o miembro de protección civil? Cuando no recorre San Nicolás arriba y abajo gritando consignas cual sindicalista el Primero de Mayo, se encuentra estacionado en el Cantó del Pinyó con un walkie-talkie pegado a la oreja y gesticulando como si se tratara de un oficial americano intentando aterrizar un avión en el USS Harry Truman. Se les distingue del resto de mortales por una chapa que llevan en la tetilla izquierda, donde los sherifs la estrella.

14-El matrimonio de Cocentaina. Como están los dos jubilados, acuden cada año puntuales a su cita con las Entradas de Alcoi. Se rascan el bolsillo para pagar las sillas y aguantan las seis horazas de desfile con un único objetivo: buscar fallos, criticar errores y hacer comparaciones despectivas en las que siempre salen ganando los festejos de la Villa Condal. Si llueve, entran en éxtasis y regresan a casa con una sonrisa maligna en los labios. Hay que señalar que esta némesis de la crítica destructiva tiene su reverso tenebroso en otro monstruo que habitualmente arrasa las fiestas contestanas: el matrimonio de Alcoi.

15-Los visitantes del más allá. Entiéndase por más allá cualquier territorio situado fuera de los límites de la Carrasqueta y del Puerto de Albaida en el que no se celebren Fiestas de Moros y Cristianos. El visitante procedente de estos lugares remotos suele ser una presencia incómoda y en ocasiones exasperante. Su ignorancia en torno a los grandes misterios festeros hace que nos castigue con sus continuas preguntas sin respuesta: ¿por qué mueve la cachiporra ese hombre delante de las narices de sus compañeros de filà, es consciente de que puede abrirles el cráneo?, ¿ese señor con chilaba que recoge mierda de caballo y confeti con una escoba y un carrito es el capitán o es el alférez?, ¿por qué aplaude tanto la gente al cabo batidor, si el que hace todo el trabajo es el caballo?, ¿a qué peluquería van los heraldos esos que llevan las melenitas tan raras?, ¿qué pintan unos tipos vestidos de bandolero y con trabuco en una recreación medieval?, ¿por qué corre tanto el jinete de la Estafeta, si al final de la carrera no lo está esperando nadie?. Y así, hasta el infinito.

16-Contigo en la distancia. Fester que bien por guardar luto, bien por tentativa y/o amenaza de divorcio por parte de su pareja o bien por haber tenido algún encontronazo, o morrión pendiente, con la junta directiva este año no sale a fiestas y se va de viaje a Santander. Como cualquier adicto que se precie piensa que la falta de trilogía en vena no producirá ningún efecto en él. Que lo tiene todo controlado. Que cuando quiera lo puede dejar. Pero la verdad es que se pasará los tres días sin saber si ha visitado la playa del Sardinero o la de Copacabana porqué no levantará la vista del móvil rastreando la red, como si fuera un numero de la Guardia Civil perteneciente a la Brigada de Delitos Informáticos, a la busca y captura de cualquier noticia que tenga que ver con la celebración de los moros y cristianos.

17. El tocador de collons. Individuo festero o socio protector que tal y como su nombre indica, se dedica a tocar la zona genital de sus compañeros de filà. Y no el el sentido figurado, molestando, enojando o resultando pesado en general, sino en el sentido literal: echándole mano al escroto del prójimo. Para el tocador de collons se trata de una especie de broma entre camaradas, pero lo cierto es que la acción plantea serias cuestiones sobre las afinidades afectivas del individuo que alguna vez deberán ser analizadas y desveladas oportunamente. Aunque el tocador de collons puede actuar en cualquier lugar, los lavabos en el momento previo a iniciar la micción son su territorio favorito.

18-El guardián de las esencias. Mitad monje mitad soldado. El guardián de las esencias se tira toda la Trilogía controlando el cumplimiento de las sacrosantas tradiciones festeras. Es un pájaro de mal agüero, que convierte el disfrute de la fiesta mayor de su pueblo en un ejercicio de tortura para él y para sus semejantes. Pide la expulsión para aquellos festeros que van por la calle con un vaso de cubata, considera una ofensa “els soparets” y exige la inmediata prohibición de esta nefasto ejemplo de anarquía, se pone enfermo cuando ve un escuadrero con gafas, es partidario de la inmediata supresión de Contrabandistas y Maseros al entender que su anacronismo es un pecado imperdonable, ha pedido tres veces en el juzgado el procesamiento y la prisión preventiva para las socias de Fonèvol, se cabrea como un mono cuando ve que sus compañeros de filà van por calle con sombreritos de colores en la cabeza, se niega en redondo a beber mentira al considerar que es un brebaje poco alcoyano y ha llegado a la conclusión de que todos los concejales de la actual corporación arderán eternamente en el infierno por permitir que el día 23 de abril fuera laborable. Un cenizo sin paliativos."

Altre text graciós de Javier Llopis compara les Festes de Sant Jordi amb la Setmana Santa i explica irònicament perquè eixir a les filaes té més èxit que eixir a les cofradies en Alcoi:

"Tan lejos y tan cerca. La Semana Santa y las Fiestas de Moros y Cristianos se mezclan en el calendario alcoyano, pero presentan abismales diferencias. Los festejos en honor a San Jorge se celebran entre multitudes y con grandes despliegues económicos, mientras que el ciclo de la Pasión se mantiene en unas modestas cifras de participantes y de público, por muchos intentos que se hagan para reactivarlo. Éstas son las razones para explicar este contraste.

1-No hay color:
Desde el punto de vista del espectador no hay color entre los desfiles procesionales de Semana Santa y los desfiles de las Entradas. No es que no sea posible la comparación. Es que la Semana Santa no tiene color, o si lo tiene el color es negro.  Cosa lógica por otra parte, puesto que se trata de conmemorar  la muerte  de Jesucristo a diferencia de las Entradas que celebran el desfile de unas tropas que caminan alegres hacia la batalla. En cualquier caso el negro choca con la concepción de Fiesta que tienen los alcoyanos. Una explosión de luz y sonido. Una orgía de color (y no solo de color) donde como en cualquier orgia se come y se bebe inmoderadamente y también se cometen otros excesos igual de inmoderados y mucho más interesantes.
2-Reservas limitadas:
Aseguran los expertos que la falta de tirón de la Semana Santa alcoyana se debe a motivos que tienen que ver con la Física. Los habitantes de esta ciudad disponemos de unas reservas de energía social muy limitadas y las usamos todas en las Fiestas de Moros y Cristianos. Los actos conmemorativos de la Pasión y Muerte de Jesús están muy cercanos en el tiempo a la Trilogía Georgina, circunstancia que nos obliga a hacer una elección. El resultado de esta disyuntiva siempre es el mismo: los alcoyanos optan de forma masiva por el Ja Baixen y permanecen en estado semiletárgico o directamente desaparecen de la ciudad  durante la Semana Santa. La brutal  y repentina explosión de actividad callejera y festiva del Domingo de Gloria es la mejor expresión de este contraste.
3-Prohibido mirar a los balcones:
Otro de los motivos por el que la celebración no acaba de cuajar entre los alcoyanos más predispuestos es el hecho de que no resulta posible mirar a los balcones. Como todo el mundo sabe uno de los momentos más placenteros, casi orgásmicos, de los desfiles de moros y cristianos es cuando el festero (o festera en un futuro) inclina su espalda lentamente hasta formar un ángulo casi recto con sus piernas, extiende los brazos y sonríe mostrando toda su dentición en algunos casos a los balcones y en otros directamente al cielo. Hacer esto en Semana Santa podría provocar un grave riesgo si al inclinar el cofrade la cabeza su capirote de fibra sintética prendiera por azar en el cirio del cofrade que le sigue, le saltase un ojo con la punta del mismo o impactara en las partes blandas de alguno de los espectadores.
4-El omnipresente flato:
Otra de las explicaciones de este misterio hunde sus raíces en una de las señas distintivas del carácter local: el flato. Aquí, cuando alguien hace algo, le gusta que la gente se entere y que lo comente en los corrillos del bar y en el facebook. Contempladas las cosas desde este punto de vista, el tétrico anonimato del capirote de un cofrade de la Semana Santa se perfila como una oferta poco atractiva para un alcoyano con afán de “lluir”. Ni comparación con el inmenso ataque de ego que se sufre al hacer una escuadra especial, al salir de capitán moro o de simple maldito con un purazo en la boca, saludando a las amistades durante el largo recorrido de una Entrada.
5-Ara ja puc morir-me:
Aunque no es el eje de la celebración, el uso (y en ocasiones el abuso) de determinadas frases es la salsa con la que muchos festeros aliñan su participación en la fiesta. Si dichas frases pudieran utilizarse durante las procesiones probablemente la celebración ganaría en popularidad. Pero este extremo resulta imposible, pues quedarían fuera de lugar. Es el caso de: ‘Ara ja puc morir-me’ (¿sería correcto que un cofrade hiciera uso de ella durante la procesión del Santo Entierro?)  O ‘Açò no s’ha vist mai’ si se trata de una celebración  que hunde sus raíces en al año 1 d.C. que ha sido vista hasta la saciedad en películas como ‘Ben-Hur’, ’La Pasión’ o ‘La Vida de Brian’.  O ‘Em sembla estar en un nuvol’ cuando realmente están en el aire temas como la providencia, el reino de los cielos y la resurrección de la carne.
6-Falta de vocación:
La vocación procesional de los alcoyanos es más bien limitada. La mejor prueba de esta situación es que buena parte de las filaes han de perseguir a sus asociados y amenazarlos con medidas disciplinarias para conseguir una representación decorosa en el cortejo de la Procesión general del Día de San Jorge. Este sentimiento de cierta resistencia ante los desfiles no festivos ha tenido su reflejo inevitable en la Semana Santa, que ha acabado pagando el pato de nuestra tradicional tendencia a agruparnos en forma de filà.
7-Mestre quina toquem?:
Cierto que la música festera como todas las cosas del universo tiene sus agujeros negros y sus espacios de anti-materia. Quien tuvo oídos para oír y se encontró en el lugar adecuado en el momento oportuno en su día pudo escuchar a las huestes alcoyano-mahometanas desfilando al compás de Mamy BlueAmor Amar o de la sintonía de la serie infantil Pipi Langstrum. Pese a eso la música de Moros y Cristianos gana de calle en la comparación. Las melodías interpretadas por cornetas y tambores son un sonsonete monótono, que en el mejor de los casos recuerdan a una estampida de elefantes o a un atasco, con autobús incluido, en la calle San Nicolás y en el peor a esas dianas cuarteleras con las que el gobierno español amenizaba los despertares de los nacionales a los que les tocó en suerte hacer el servicio militar.
8-Ateos de San Jorge:
Alcoi es el escenario de un singular fenómeno religioso único en el mundo. En esta ciudad hay un importante número de ateos que sienten una ferviente devoción por San Jorge. Tipos radicalmente agnósticos, que sólo pisan la iglesia por obligación en bodas, bautizos, comuniones y entierros, tienen una fe absoluta en la figura del mártir y se encomiendan a él cada vez que se ven en un apuro. Para el resto del santoral, somos una comunidad tirando a descreída y a poco practicante en materia religiosa, circunstancias ambas que han acabado por influir negativamente en la Semana Santa.
9-Y sobre el capirote nada:
Como todo buen alcoyano sabe los tres días de fiesta son un mero pretexto para calentar el ambiente, ya que la verdadera celebración comienza el día de San Jorge cuando los festeros liberados de sus obligaciones y sus actos protocolarios se tiran al monte, ocultan sus cabezas bajo pelucas de colores, bragas, tangas, collares, gafas con espejos más grandes que un panel solar, sombreros con botes de cerveza y un tubo succionador, artilugios luminosos, sujetadores con las copas como las carpas del Circo Price, etc. y se lo pasan bien ¿Imaginan a un cofrade luciendo ya no todo el conjunto, un 10%? ¿Aunque sólo fuera unas gafas de sol sobre el capirote? ¿O un rosario con intermitencias luminosas? ¿Se lo imaginan? Pues eso.
10-Demasiada primavera:
Dicen los antropólogos que la Semana Santa recoge los fundamentos de una fiesta pagana secular, que se hacía para celebrar la victoria del Dios de la luz sobre la muerte. En los tratados de Antropología se indica que todos estos rituales tenían como objetivo manifestar la alegría ante el equinoccio de primavera, que marcaba la vuelta de la vida a la Naturaleza. Las Fiestas de Moros y Cristianos entran de pleno en el catálogo de estas mismas celebraciones primaverales y en el caso concreto de Alcoi han entrado en competencia directa con el ciclo de la Pasión, imponiéndose finalmente por goleada. Según los expertos, es antropológicamente imposible que ambos festejos puedan convivir juntos en condiciones de igualdad.
11-El perejil de todas las salsas:
Por si alguien aún no se había dado cuenta, la policía está al servicio de los ciudadanos. Es por eso que igual que los vigilan con celo cuando han de abandonar sus casas debido a un desahucio o les protegen de los agitadores en las manifestaciones, les acompañan durante las celebraciones más señaladas. Lo que ocurre es que la Policía Municipal vestida con su traje de gala se funde y se confunde en el universo multicolor de las Entradas. Por no hablar de los heraldos que no son autoridad pero que también dan gloria de ver.  Pero una pareja de la Guardia Civil vestida de uniforme junto al Cristo Crucificado es algo solemnemente serio. Acojona. De hecho te entran ganas de irte a casa corriendo a poner la radio a ver si suena música militar. Si además de eso en el desfile toma parte alguna compañía de la Legión o de los caballeros paracaidistas, directamente sales corriendo hacia tu oficina y empiezas a eliminar archivos y correspondencia.
12-Contemplación frente a alboroto:
La Semana Santa le exige a espectador silencio y contemplación devota. Los Moros y Cristianos le permiten al público armar alboroto, comerse un bocadillo mientras discurre el desfile y lanzarles papelitos de colores y toda clase de piropos a los protagonistas del acto. Colocados ante esta disyuntiva y dado el carácter gritón, extrovertido y nervioso de los habitantes de esta ciudad, la elección no podía ser otra que los festejos georginos.
13-Se veía de venir:
Otro elemento que resta vistosidad a los desfiles de Semana Santa son las carrozas o andas procesionales. Digamos que en el caso de la Semana Santa la concreción temática supone una grave limitación que apenas deja lugar a la imaginación. Las habas están  contadas. Tanto da si la obra es de Salzillo o de Carpintería Perico los Palotes: La última cena es la última cena y queda poco margen para la  improvisación. ¿O a alguien se le ocurriría poner una última con diecisiete apóstoles y un par de camareros? En cambio las carrozas de Moros y Cristianos son un pozo sin fondo. Un universo sin límites donde siempre queda un medio de transporte, una estancia medieval, una fortaleza, un arma ofensiva o  defensiva o un animal mítico o real por descubrir. Por cierto dicen, que el capitán de este año, desfilará a lomos de un ornitorrinco.
14-Cuestión de tiempo libre:
La inagotable agenda social de las filaes impide que sus miembros puedan simultanear estas obligaciones con la participación en una cofradía. Intercambio de homenajes, asambleas variadas, debate sobre elección de cargos, días de reconocimiento a la mujer festera, montepíos, discusiones sobre la escuadra especial o sobre los caballeros, conspiraciones ante los comicios del Casal, comidas en masías de la Font Roja o montajes del belén por Navidad conforman un apretadísimo programa, que apenas deja tiempo libre.
15-Las agujas no son para el verano:
Otro de los grandes momentos de la Fiesta de Moros y Cristianos es la imposición de agulletes por parte de los caballeros festeros a las damas espectadoras durante la jornada del día de San Jorge. Acto del todo impensable en la Semana Santa. ¿Sería procedente ese contacto tan cercano, en ocasiones casi íntimo, entre festero y espectadora? Por otra parte ¿No se correría el riesgo de que algún cofrade – dejándose llevar por el entusiasmo del momento y teniendo conocimiento de las costumbres arraigadas en otros lugares de flagelarse y auto-lastimarse durante las procesiones – decidiera coger todas les agulletes y  clavárselas en el pecho como muestra de valor/dolor? ¿O caminar descalzo sobre ellas en señal de penitencia?
16-El día de homenaje a la mujer cofrade
Una de las cosas por la que Alcoi es conocido allende su término municipal es por sus Fiestas de Moros y Cristianos y sobre todo por el papel de la mujer en las mismas. Cosa que no ocurre en el caso de la Semana Santa. Así que si las cofradías quieren alcanzar en popularidad a las filaes, desde ya mismo deben empezar a limitar el papel de la mujer en el desfile. Las mujeres pueden portar las vestas y los cirios de los cofrades, pero no ser cofrades. Deben aplaudir desde los balcones, o en el caso  que nos ocupa, cantar saetas. Pueden salir como penitentes pero en ningún caso deberán desfilar junto a cofrades varones. Además vestirán un atuendo distinto al masculino de la cofradía.  A cambio de su silencio y resignación dispondrán del homenaje a la mujer cofrade. Toda una jornada en la que serán reinas por un día.




Per últim recordem que el pròxim diumenge dia 20 es celebrarà al Paratge del Carrascal la ROMERIA A LA FONT ROJA EN HONOR A LA VERGE DELS LLIRIS.

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